El Pacific Crest Trail vs. Periférico Sur

La única certeza que tenemos en la vida es el cambio. ¿O no dicen así?

Y aplica.

Hace seis meses cambié de trabajo. Si fue una buena o mala decisión, se elaborará sobre ello en otro post.

Lo que ahora atañe es todo el viaje que ocurrió alrededor.

Porque de caminar menos de 10 cuadras para ir a trabajar pasé a cruzar 10 kms diarios para llegar a la oficina.

Y además me deshice del coche para deshacerme de deudas. No las acabé, pero me eso me dio un respiro que realmente necesitaba.

Financieramente cometí muchos errores, principalmente el de la negación. El de creer que seguía teniendo el mismo ingreso en un año donde varios proyectos se cayeron. Y por eso tuve que tomar decisiones radicales.

Una de las cosas que más me atormentaban de pasar tanto tiempo “conmuting” era que lo sentía como tiempo perdido.

Entonces me acordé de los libros. Empecé intentando “leescuchar” audiolibros pero no me funcionaron porque ir viendo el paisaje incitaba a mi mente a divagar y terminaba poniendo atención a todo menos al libro.

Pero después llegué a los iBooks, entre los que tenía “Wild. From lost to found on the Pacific Crest Trail” de Cheryl Strayed. (También está la película con Reese Witherspoon por si gustan).

Las memorias de una mujer que tras vivir la muerte de su madre emprende una aventura extrema para reencontrarse consigo misma.

Ella cuenta cómo caminó casi 300kms por la costa oeste de Estados Unidos cargando una mochila que probablemente pesaba más que ella misma, enfrentando sus miedos y viviendo sin más que con lo que traía cargando.

Mi caso no es ni un 10% así de radical, pero también me tocó enfrentar mis propios miedos al transporte público y a sobrevivir el día lejos de casa a más de 10kms sin mi cochecito preciado con el que podría salir corriendo. Aquí al pie del periférico esperando el camión con la gabardina que cargo diario en la mochila, más mi comida, colación y demás provisiones que se necesitan en el día.

He tenido coche desde los 18 años, generación X donde se le inculcó a uno que el principal síntoma de éxito era hacerte de tu medio de transporte y sin concebir una vida en la que no me moviera sino era en auto.

Y quizá haya quienes digan “ay pobre clase mediera y sus crisis absurdas, no sabe nada” y quienes digan “¿Cómo, hay gente sin coche? ¿Cómo viven?”, sí, lo he escuchado.

Pero al ser esto un blog personal, toca poner mi propia reflexión y darme chance y reconocerme el viaje que me ha tocado enfrentar. Agradecer a mis papás que se sobaron el lomo para que yo viviera una vida tan cómoda donde no tuviera que pisar un metro o hacerle la parada a un microbús y a mí por adaptarme a este estilo de vida si tantas neurosis ni flagelarme con la idea de haber fracasado en la vida.

Entiendo que es una etapa y que aunque ahora no me sienta como la persona más exitosa en la vida (no solo por el tema de tener o no coche sino por otras cosas mas) sé que me toca aprender una lección y estoy tomando mis apuntes.

Peace with myself.

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Mi emoción por Ghost in the shell

Primero que nada: falta de #Televiciosos, un capítulo en mi vida que acaba de cerrarse que tiene que ver con la posibilidad de un micrófono y con personas que escucharan y debido a que mis inseguridades me limitan a dar el salto al video blog; intentaré volver al bonito hábito de escribir sobre lo que veo.

Dicho eso, vayamos al tema que nos atañe esta noche: Ghost in the Shell, una de las esperadísimas cintas de este año por gente, mucho más conocedora que yo de las artes de animación y narrativa japonesa, y por muchos otros posones que se enteraron a la mera hora y decidieron emocionarse.

La sensación que deja esta épica cinta distópica protagonizada por la escultural Scarlett Johansson, es muy parecida a lo que sentí después de ver Matrix y El quinto elemento: esa sensación de ver algo como nunca lo había visto pero quizá sí imaginado.

En Ghost in the Shell, Johansson interpreta a Major, el primer cuerpo de robot con cerebro humano, capaz de realizar los stunts y hazañas más sorprendentes gracias a su físico manufacturado y a que conserva esa intuición, deducción y sentido común que casi todos los humanos tenemos (en teoría, ja).

Sin embargo, como todo lo padre en esta vida, tales logros vienen de grandes sacrificios. Nada más y nada menos que otros cerebros que murieron en el camino hasta llegar al robotito que funcionara.

Y es la misión de Major, descubrir qué pasó y lo más importante, quién es ella en realidad.

¿Qué tiene en común Major con las Kardashian?

En que tienen una mente humana en un cuerpo manufacturado. Plop.

Perdón, fue una de las cosas que pasaron por mi cerebro mientras veía la película.

Ghost in the shell tiene una estética impecable, como un Tokio cuando ya todos puedan usar hologramas y sin embargo, muestra a la perfección que no importa cuán avanzada sea la tecnología, siempre estará solamente al acceso de unos cuantos: los conocidos pudientes; mientras que la prole, seguirá viviendo en multifamiliares y conviviendo con sus defectos de nacimiento.

La edición, el ritmo, la estética son impecables. Solo me quedaron pendientes de desarrollo los motivos del maloso, malosísimo porque sabemos qué hizo mal, pero no queda muy claro por qué.

Solo porque está muy chula de su bonitez, esperaré pacientemente a que me lo expliquen en la segunda parte.

 

No todo es para todos

O lo que es lo mismo, por qué cambié de trabajo a los seis meses.

Ja.

Me pasé.

Y me lo agradezco.

Entré a la industria musical y si me hubieran dado ese trabajo o la oportunidad de aunque sea sacar copias ahí, se me habría volado la cabeza de felicidad y realización.

Pero ahora estaba en otro lugar.

Sí, amo la música y mucho de mi estado de ánimo del día se influye directamente por lo que estoy escuchando. Ayer, con el cansancio de seis días trabajados más allá del full time, Garbage me salvó la vida.

Pero el punto es que, ese trabajo que a cualquier otra persona, que a quien se lo contara o que incluso cuando yo lo pensaba, parecía una fortuna tener y por el que muchos cambiarían lo que fuera necesario para estar ahí, donde nace la música, no era para mí.

 

Qué fuerte. Terminaba los días, le contaba a alguien lo que había hecho (Ej., ¡le di una botella de tequila al mismísimo Noel Gallagher!) y algo faltaba no me sentía completa. Me sentía contenta pero no feliz.

Y fue mucha angustia. Por momentos creí que me estaba volviendo un millennial sin ganas de trabajar. ¡Qué susto!

Luego vino la oportunidad de volver a mi antiguo gremio, con mucho menos glamour y título nobiliario y capacidad de decisión de lo que yo había disfrutado por siete años, pero me arriesgué, me dejé llevar y lo tomé.

Y hoy, termino los días rendida, sobreinformada pero feliz.

Y sí, quizá ahora cuente que lo que hice en el día fue contar que Belinda no quiere cantar el “Sapito” pero eso es lo que me hace sonreír. De verdad que la clave está en encontrar qué te hace feliz y hacerlo. No importa qué sea. Y buscando que te paguen lo más justo por esas horas que vas a dedicar para que alguien más se haga de sus pesitos.

Qué tranquilidad.

 

 

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