Suban sus cosas y pongan su pasaporte entre su ropa

Un sábado cualquiera, a eso de las dos de la tarde llegué al aeropuerto Benito Juárez, terminal 2 (que por cierto me hace sentir como en Houston, así toda moderna) dispuesta a documentarme con tranquilidad para mi vuelo de 11 horas con destino a Madrid, en clase turista (obvio, tiempos de crisis) mientras que mi jefe se iba en business… En fin, llego al mostrador y la amable señorita me informa que mi tan esperado vuelo estaba demorado 2 horas, así que saldría hasta las 8 de la noche. En vista de las 6 horas libres que tenía, documenté las maletas y me fui a comer unos deliciosos chiles en nogada.
A eso de las 7, estaba de vuelta en el aeropuerto, me encontré a mi jefe, fuimos hacia la sala y empezamos a percatarnos del caos que era: vuelo sobrevendido, más de 3 bebés a bordo, niños, gente con “equipaje de mano” que evidentemente supera las medidas aceptadas. Y por si no fuera poco, vi que me habían dado ventanilla que es lo mismo que: ataque de claustrofobia seguro. Todas esas agravantes me orillaron a consumir un fármaco inducidor de sueño.

Cuando finalmente abordamos el avión, una hora más tarde lo que habían dicho, estaba lista para caer cual KO, de hecho lo hice, me quedé tan dormida que al momento del despegue solo sentí una vibración que me hizo pensar que habíamos pasado por una enorme y violenta bolsa de aire. (una viajera consumada como yo no se asusta con pequeñas vibraciones).
A la hora de vuelo, el piloto toma la palabra (oh no! será de esos pilotos platicadores que te hacen ir viendo el paisaje, who cares!) pero nos sorprende a todos con el siguiente diálogo:
“Como lo habrán percibido, al momento del despegue se sintió una vibración que se debió a una ponchadura en el tren de aterrizaje, lo cual quizá dañó la estructura del mismo. Nos estamos comunicando con la torre de control para que nos indiquen qué procede”.
Veinte minutos después, el piloto vuelve a tomar la palabra (por cierto, pobres de los no hispanohablantes por que las traducciones eran pésimas) y dijo: La torre de control nos indica regresar (jaja, seguro los españoles dijeron ni maiz no queremos aviones descompuentos aterrizando en nuestras ultra seguras pistas jiji) así que daremos unas cuantas vueltas por los cerros de Pachuca para tirar combustible porque no podemos aterrizar con el mismo peso con el que despegamos. Sigan las instrucciones de los sobrecargos y esta vez SI es MUY MUY importante que apaguen TODOS los aparatos electrónicos, que guarden todo en los compartimentos superiores y que se ajusten muy bien su cinturón de seguridad. (osh!).
Los sobrecargos empezaron a circular por los pasillos con caras de tranquilidad y una palidez que me hizo pensar: teeeeengo miedo.
Nos hicieron meter todo en los compartimentos, incluyendo las revistas.
Siguente aviso por altavoz:
Retiren todo lo que se pueda clavar: aretes, anillos, pulseras, relojes, anteojos… guarden sus bolsos en los compartimentos y conserven el pasaporte entre su ropa.
Minutos más tarde los flight attendants nos explicaron cómo debíamos colocarnos para la posición de aterrizaje.
Siguiente aviso: Sres. pasajeros les pedimos que ubiquen muy bien cual es la salida de emergencia más cercana (fffuuuuck! estoy en medio, no tengo salida más cercana, cualquiera que sea seré la última de la fucking fila!) y que, cuando escuchen la palabra “impacto” se pongan en la posición que las sobrecargos les indicaron. No se preocupen, estamos en las mejores manos.
(auch!)
Minutos más tarde: Sres. pasajeros hemos iniciado las labores de aterrizaje.
El avión se empezó a mover más de lo normal y yo no espere a oir impacto para sentir el trancazo y entonces acomodarme. Metí mi cabecita entre mis rodillas (graaaacias yoga!) y recé… oh si lo hice. En eso el avión bajó rapidísimo, primero tocó el piso con las llantas traseras, frenó intempestivamente y luego bajó “la nariz”.
Un minuto de aplausos al piloto!!!!! (ora sí aplaudí, mis códigos de naquez cuando se está al borde de la muerte pierden sentido).
Siguiente aviso: están revisando el estado del tren de aterrizaje, si está en condiciones saldremos en 60 minutos.
20 minutos después: Nos han informado que definitivamente el avión no se encuentra en condiciones de salir (ja que gente taaan perceptiva!), por lo que les pedimos esperen en la sala las futuras indicaciones.
Al bajar del avión me di cuenta que la pista estaba llena de bomberos, ambulancias… ¡qué recibimiento tan triunfal!
Los técnicos rodeando el tren de aterrizaje, sin llanta…
En fin… dos horas después logré salir del aeropuerto con un nuevo boleto para irme en primera clase dos días después… Si mucho lujo, pero ¿y el susto qué?
Por un momento sí pensé… podrían ser estos minutos los últimos de mi vida, no sé si esta cosa va a explotar, si me va a caer algo de los compartimentos (como en Lost) o si me vaya a lastimar… pero sea como sea, si ese hubiese sido el último día estoy 100% de que me habría ido tranquila y eso ¡no tiene precio!

2 Comments

  1. Por suerte no lo fue y habrá Lucylu para rato. Con ese recibimiento yo primero hubiera saludado cual princesa de Disney (corto-corto, largo-largo), y después, besar el piso como el Papa viejo. Que bueno que posteas de nuez.

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