La vida sin tiroides. Parte 1.

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Empezaré este relato remontándome a mi temprana infancia. Nunca fui una niña esquelética, mi cuerpo era como el de Little Miss Sunshine, pancita y cachete en abundancia. Pero siempre hice ejercicio, natación, ballet, jazz, danzas regionales y cuánta cosa de baile se atravesara. Y cuando estaba sola en mi cuarto, bailaba. Total que el movimiento y la actividad física eran parte de mi vida. Pero también lo eran los postres, panecitos, Gansitos, Carlos V y en algún momento de mi vida me volví adicta al jamón, así, solo, en rollitos, recién rebanado, mmm. Soy de esas personas, desde niña, que en una sentada son capaces de comer como Phelps pero al entrar a la pubertad, por cuestiones de logística, no hubo quien me llevara al deportivo y seguí comiendo como acostumbraba y terminé viviendo una pubertad con sobrepeso. Nunca he sido obesa ni se me ha desparramado nada, pero siempre he estado por arriba de mi peso promedio (no vamos a precisar datos, ¿qué necesidad?). Entonces siempre he vivido con la idea de que tengo que bajar unos kilos, misión que he arrastrado sin concluir desde los 10 años. Y a cuento de esa misión de vida (fail) van estos relatos de traumas, de logros y de antojos.

En el próximo capítulo: la primera dieta.

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2 pensamientos en “La vida sin tiroides. Parte 1.

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