Me enamoré – La vida sin tiroides

Pues tan pronto regresé de España, encontré la clase de step más divertida y efectiva de la vida. También retomé la dieta del Dr. Bolio que había dejado… mmm… por decir en pausa y pronto regresé a mi peso. Entre toda esa diversión conocí a alguien, desde la primera vez que lo vi, pensé: yo podría andar con alguien así y meses después, sucedió. Fue divertido, mágico, increíble. Y creo que el amor fue la mejor energía agni, pues sin seguir estrictamente una dieta, cada semana perdía peso. A los seis meses otra vez se me caían todos los pantalones y era yo feliz, feliz. Pero nada dura para siempre, entre mi inseguridad y una tercera en discordia se llevaron el amor y volví a la soltería, muy triste, con el corazón hecho pedazos por primera vez pero tan esbelta que podía encontrar el consuelo en el helado de cookies and cream y aún así seguía bajando de peso. Triste y padre a la vez. Pero algo raro empezaba a suceder, algo que sucedió tan poco a poco que me hacía pensar que jamás me recuperaría de aquel roto corazón. 

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