¡Sorpresa!

Sigo riendo del schock del domingo. Todos los domingos desayunamos en casa de mis suegros pero más bien, yo me agregué a esa tradición pues ellos lo hacen desde que A. se mudó a vivir solo. Para tal efecto mi suegra prepara suculentas viandas que terminarían con el hambre de poblaciones enteras: huevos al gusto, frijoles, enchiladas o chilaquiles, pancakes y a veces se luce con algún quiché o receta que se le cruza en la semana. Esos desayunos me llenan más que cuando suelto el freno en los buffets. Entonces, este domingo desperté saboreándome las delicias que me iba a sambutir. Con la mente y el estómago listos para deglutir me asomé a la mesa y ¡ZAZ! solo había platos con PAPAYA. Y ni siquiera estaban copeteados. Cabe aclarar que la papaya es mi némesis de las frutas, su olor a vómito me hace olvidar todos sus beneficios al sistema digestivo. Bueno, también había vasitos con granola. Aún así el shock fue brutal, no se vale despertar así a la gente en domingo. Es inhumano.

Lo bueno es que antes de desayunar pasamos a la ceremonia de la báscula, mi suegro perdió ¡cuatro kilos!, mi novio ¡tres y medio! Yo iba derrotada porque en la semana fui a cenar con las que son mis amigas desde hace quince años y a quienes ya solo veo en bodas, bautizos, Navidad y ahora, divorcios. Y las noticias fueron tan desalentadoras que me consolé con una pasta y un vino tinto, snif. Así que mis expectativas basculares eran nulas. Aún así me subí y ¡pum! ¡Un kilo menos! En mi caso, así como existen los años perro (que se multiplican por siete), son kilos perro, o sea que uno es como si fueran tres de una persona con metabolismo normal y con tiroides funcionando perfectamente. Mis suegros conocieron mi baile de la victoria que he perfeccionado desde que iba en la universidad. Con la adrenalina pos-pérdida de peso, me comí la papaya. Debo agradecer que no apestaba y estaba tan buena que parecía melón. Hoy es lunes y corrí, porque luego de dos semanas de dormir nueve horas diarias, pensé que así como entre menos te mueves menos ganas tienes de moverte, si lo haces a la inversa también debe funcionar. Así que allá voy, esta semana toca correr y seguir la dieta que es el régimen más realista que he intentado en mi vida. 

Semana 1

Peso: 63 kg

Por bajar: 10 kg

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