¡Hasta ahora!

Me gusta que los españoles digan “hasta ahora” en vez de “hasta luego”. No me gusta escribir sobre las penas profundas de mi corazón en redes sociales porque creo que el dolor que causa la partida de un ser querido se lleva ahí, en el corazón y no se cura con likes o favs. Pero esta vez no tengo a quien abrazar, a quien decirle lo siento… en persona, al menos. Están del otro lado del Atlántico en el mismo shock en el que estoy yo. Se fue mi sensei en edición de revistas. La mujer que además de enseñarme a hacer cuadrículas o planillos, como ella les decía, que me enseñó el poder de la desconexión laboral de vez en cuando; a exigir para mí y todos mis compañeros; a argumentar mis ideas; a escribir pensando en quién leería; a meterme en el universo adolescente como si fuera el mío. Y todo eso me lo enseñó por la mala y por la buena. Era exigente, “un pain in the ass” como ella misma decía, me cuestionaba todo, movía las cosas milímetros y al final el resultado nos gustaba a todos.

Hablaba con ella todos los días en punto de las 9:30 AM, para ella eran las cuatro y nos visitaba dos o tres veces al año. Eran las semanas más intensas de cada trimestre pues además de escuchar qué estaba haciendo mal durante toda la jornada laboral, la llevaba a restaurantes donde exigía la máxima calidad en lo que le servían. Recuerdo cómo se desesperaba porque no le daban limón con la coca light que pedía. Entonces se me iban los días explicando las cosas diferentes que hacemos en México y hablando un español a la Hugo Sánchez para darme a entender lo más claramente posible.

Ella era una mujer fuerte capaz de mover al ejército más huevón. Una alemana con más de 20 años de vivir en Madrid, y además, Aries, era la bomba atómica en persona. El huracán Katrin, le llamábamos a esas semanas en las que estaba de visita. Y hoy el Cáncer le ganó y ni un hasta ahora le pude decir. Y después de tanto amor/odio, me quedó mucho aprendizaje, un aprecio que no siento por nadie más y una enciclopedia de lecciones heredadas. Una vez se fue temprano de la oficina porque su muchacha quería hacerle un pastel al tipo que le gustaba y ella fue a ayudarle. Esos eran sus momentos. ¡Hasta ahora, guapa!

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