Ayer merece un post

Todo empezó el miércoles a las 6PM cuando cayó la primera tormenta y decidí dejar el coche e irme a cenar con el novio mientras se disipaba el caos vial. Así fue, dejé el auto en la oficina y al otro día caminé rumbo al trabajo. Estaba feliz porque había sido la mejor idea de todas, pude hacer mi caminata y mi coche estaría ahí esperándome para llevarme más tarde a una presentación de Microsoft en Santa fe. En el camino, por supuesto había tráfico, así que me fui por mi tradicional atajo (que no revelaré por respeto a mis fuentes y a las tres personas que nos lo sabemos), pero consiste en cruzar el bosque agreste de Chapultepec. Oí algo que se parecía mucho a un balazo, muy cerca de mi oido. ¿Tronó el escape de un micro, pisé una bruja, se balacearon a un cristiano…? Nunca lo sabré. Taquicardia y aceleré. Ya estando en Mordor, decidí hacer varias diligencias que tenía pendientes. Anduve de gira por varios corporativos recogiendo y dejando cosas, feliz, muy feliz. Para la hora de la comida estaba de vuelta en Polanco, con todos los pendientes de la mañana reposando plácidamente sobre mi escritorio, entre ellos, grabar el podcast de la revista (que tiene miles de descargas pero iTunes se niega a poner en el top, sabe por qué). Al terminar la grabación, me despedí porque tenía que realizar labores de enfermería con el novio. Empezaron a caer gotas de las gruesas y dije: o me aviento ahora o me voy a quedar en el tráfico. Y me arrojé a los granizos y los charcos, pero nunca imaginé que una hora y dos cuadras después, me quedaría varada en el cruce de Mariano Escobedo y Reforma ante la disyuntiva de poner el coche en neutral  y dejarme arrastrar por la corriente de agua para cruzar el desnivel o abortar la misión y (tratar de) regresar a la oficina.

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Me regresé, pero ya no pude llegar a la oficina. Vi a lo lejos el Liverpool como el paraíso, con sus estacionamientos en alto y su área gourmet. Era la solución perfecta. Al entrar casi besé el piso seco. Me temblaban las manos por la media hora que pasé en pánico total de que se me desvielara el coche que todavía no acabo de pagar. Pedí una cerveza y un sushi. En eso una pareja se puso a hacerme la plática para venderme protectores de celular y mientras yo oía su barullo como ruido de fondo, recordé que, por haberme ido caminando en la mañana hacia la oficina, había dejado mi cartera con tarjetas en mi casa y solo traía 70 pesos. VAGUIDO. Creo que dejé a los dos muchachos hablando solos, voltié a decirle a la mesera que tenía que ir corriendo a Crédito para pedir una tarjeta provisional y poder pagar la cena que me había regresado a la vida.

—¿A qué hora cierran?

—¿A las nueve?

Eran diez para las nueve. Corrí. Me dieron una hoja impresa con un código de barras para poder pagar con él mis compras. Fiu. Dieron las nueve y las vendedoras comenzaron a decir: “Ya vamos a cerrar” ¿Y el estacionamiento? También.

@Gonzalopolis y @Diamandina estaban en un Vips a dos cuadras pero era casi imposible llegar caminando o en coche porque las calles estaban inundadas y había que meter el pie hasta la rodilla en agua que había salido de las coladeras. Estaba en el coche, detenida sobre Horacio cuando le empezaron a salir vapores, por adelante y por atrás. Supongo eran vapores porque eran blancos. Nunca sabré si olía a quemado porque tengo el olfato atrofiado y no distingo olores. Además el olor a caño era más fuerte que cualquier cosa. Ya solo quería llegar a un lugar donde pudiera estacionar el coche y ponerme a ver Scandal en Netflix con lo que me quedara de plan de datos en el celular. Una cuadra más y encontré un lugar. Tuve que dejar el coche bien pegadito a la banqueta y con muchas bendiciones porque los conductores desesperados intentaban meterse por cualquier rincón. Vi a un taxista pasar a dos centímetros de mi pulguita (auto compacto de color negro). Caminé dos cuadras y llegué al Vips.

Eran diez para las diez y la mesera dijo: cerramos a las 10. 😦

Terminaron de cenar y cotorreamos hasta que prácticamente nos fueron a sacar. Ya casi eran las 11. En lo que llegamos a mi coche, el tráfico empezó a fluir sobre Mariano Escobedo y logramos salir de Polanco. Vimos varios vehículos de protección civil, gente con palas retirando hojas y basura de las coladeras y varias grúas levantando coches.

11:40 PM llegué a mi casa, abracé a mis gatas y me puse a ver Scandal.

Fin.

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