Mi emoción por Ghost in the shell

Primero que nada: falta de #Televiciosos, un capítulo en mi vida que acaba de cerrarse que tiene que ver con la posibilidad de un micrófono y con personas que escucharan y debido a que mis inseguridades me limitan a dar el salto al video blog; intentaré volver al bonito hábito de escribir sobre lo que veo.

Dicho eso, vayamos al tema que nos atañe esta noche: Ghost in the Shell, una de las esperadísimas cintas de este año por gente, mucho más conocedora que yo de las artes de animación y narrativa japonesa, y por muchos otros posones que se enteraron a la mera hora y decidieron emocionarse.

La sensación que deja esta épica cinta distópica protagonizada por la escultural Scarlett Johansson, es muy parecida a lo que sentí después de ver Matrix y El quinto elemento: esa sensación de ver algo como nunca lo había visto pero quizá sí imaginado.

En Ghost in the Shell, Johansson interpreta a Major, el primer cuerpo de robot con cerebro humano, capaz de realizar los stunts y hazañas más sorprendentes gracias a su físico manufacturado y a que conserva esa intuición, deducción y sentido común que casi todos los humanos tenemos (en teoría, ja).

Sin embargo, como todo lo padre en esta vida, tales logros vienen de grandes sacrificios. Nada más y nada menos que otros cerebros que murieron en el camino hasta llegar al robotito que funcionara.

Y es la misión de Major, descubrir qué pasó y lo más importante, quién es ella en realidad.

¿Qué tiene en común Major con las Kardashian?

En que tienen una mente humana en un cuerpo manufacturado. Plop.

Perdón, fue una de las cosas que pasaron por mi cerebro mientras veía la película.

Ghost in the shell tiene una estética impecable, como un Tokio cuando ya todos puedan usar hologramas y sin embargo, muestra a la perfección que no importa cuán avanzada sea la tecnología, siempre estará solamente al acceso de unos cuantos: los conocidos pudientes; mientras que la prole, seguirá viviendo en multifamiliares y conviviendo con sus defectos de nacimiento.

La edición, el ritmo, la estética son impecables. Solo me quedaron pendientes de desarrollo los motivos del maloso, malosísimo porque sabemos qué hizo mal, pero no queda muy claro por qué.

Solo porque está muy chula de su bonitez, esperaré pacientemente a que me lo expliquen en la segunda parte.

 

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