5 cosas que odié de Cats

Primero que todo debo confesar que tengo un listón bastante flexible en cuanto a mis gustos cinematográficos. O sea, a ojos de los críticos especializados, podríamos decir que me gusta la basurilla. Y los musicales por lo general, tienen una entrada directa en mi corazón. Pero Cats, NO. Se pasaron.

  1. ¿Por qué la música suena como si la hubieran hecho en Garage Band? En serio, si hay algo que debe destacar un musical es suene como si estuviera la orquesta ahí mismo. Así pasa en Los Miserables, hasta en The Greatest Showman que amé, con todo y que odio el falso carisma de Hugh Jackman.
  2. Dejen ustedes el chafa CGI, el caminado quesque de gato que hacen los personajes, ¡ni al caso! Ush.
  3. La primera media hora es insufrible y sé que de eso se trata, de conocer diferentes personalidades gatunas y por eso me molestó tanto, porque podría ser taaaan divertida y es taaaan aburrida. Pobrecito de mi James Corden, ni su simpatía salvó esa parte.
  4. Entre las críticas, leí que una de las mayores fallas es que modificaron la coreografía para que se adaptara a la pantalla, pero como que el director se enamoró del ballet de Francesca Hayward y abusó del demi-plié.
  5. Idris Elba de Macavity, pffff… Sí, ya sabemos que tienes ojos espectaculares, relájate con eso.

Y ya, cada vez que Jennifer Hudson tomaba la escena, yo despertaba y a los dos acordes ya estaba llorando. Qué voz, que actuación, soy fan.

Los libros que leí en 2019

Como fueron poquitos (snif) les cuento de todos por si andan buscando qué leer.

¿No les pasa que llega el fin de año y uno de los propósitos es leer más? A mí siempre. Y entro como loca a ver las listas de Goodreads, EW, New York Times, New Yorker y Bustle a ver qué recomiendan, qué fue lo mejor del año y empieza la descargadera de libros (porque ya no compro físicos porque ya no quepo en mi casa) y luego conforme van pasando los meses llegan otros que me atrapan más y los primeros propósitos se desvanecen?

Supongo que así pasa con todo.

Pero para alimentar al horder consumista que somos, les dejo mi lista de lo leído en este año y cómo me fue con cada cosa.

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  1. Las deudas del cuerpo – Elena Ferrante
    El tercer libro de la saga de Las dos amigas con el inigualable estilo de esta italiana que parece que te cuenta cosas bien suavecitas y de repente ¡pum! una bomba mental que te puede dejar enganchada por semanas. Me encantó porque sin ser adoctrinante, es un libro puramente feminista, que mediante una historia de amistad, hurga en la mente femenina, en cómo crecemos y las ideas tóxicas que nos atormentan en cada etapa de nuestra vida. Amigas, lean los cuatro. Recomiendo 100%.

  2. Lo que sucedió cuando me rompiste el corazón – Rocío Carranza
    Este libro lo leí porque entrevisté a la autora. Lo leí en una semana, mientras moría lentamente de influenza y aunque en esencia es una historia de duelo amoroso, a mí me ayudó como parte de un duelo laboral. Está lindo y se lee muy rápido. Perfecto para superar al inombrable.

  3. La niña perdida – Elena Ferrante
    El cuarto libro de la saga que les conté en el número uno. Este cierre es devastador.

  4. A todos los chicos de los que me enamoré – Jenny Han
    La película ya está en Netflix. Es una linda y tierna historia sobre conocer el amor, conocer los sentimientos. Repleta de inocencia, ternura ¡y muchas manualidades! Ideal para quienes llevamos una ñoña adolescente en el corazón.
  5. A todos los chicos: P.D. Todavía te quiero – Jenny Han
    Después de ver la película, me dio mucha curiosidad sobre cómo podría continuar esta historia. Por eso leí el primer libro y me fui como hilo de media con el segundo. Está medio sacado de la manga, pero una vez que una historia me atrapa, ya tolero lo que sea. (Menos a tu tercer libro de Crepúsculo, Stephenie Mayer)

  6. Golpéate el corazón – Amèlie Nothomb
    Ya había comentado en este blog que cuando sea grande, quiero escribir como ella y por eso no podía perderme este libro recién salido del horno. Lo leí en un fin de semana y me voló la cabeza. Amèlie te pasa de la risa al shock como nadie. Me encantó la historia, que no quiero contar pero resumiré como el daño que puede hacernos la falta de amor maternal. Guau.

  7. La clave está en la tiroides – Dra. Amy Myers
    Hablando de libros que te cambian la vida. En este 2019, la nueva vida laboral me ha llevado a conocer gente que nunca creí ver fuera de una pantalla y una de esas personas, me recomendó este libro que me dio la orientación sobre mi achaque que necesitaba. Me ayudó a verlo en vez de como una carga, como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje. Este libro me orientó en lo que mi cuerpo necesita y además, se volvió en esa clase de cocina que tanto buscaba. Si alguien por aquí, tiene una tiroides defectuosa, léanlo por favor y amen a su cuerpo con acciones de bienestar.

  8. Como caracol – Alaíde Ventura
    Creo que las comunidades que se han vuelto poderosas, lo hacen porque sus miembros se apoyan con acciones, compran sus productos, los recomiendan y se dan negocio entre ellos. Esa fue la primera razón por la que leí este libro que me sorprendió estrujándome el corazón porque la historia me resulta treméndamente familiar. Alzheimer, abuelos y libros rodeados de una ternura y elocuencia que le quiero copiar. (Y me quiero robar a Gordoloba)

  9. Lo que no te mata de hace más fuere – David Lagerrantz
    Hace algunos años, mi ex jefa sensei que me enseñó a hacer revistas, a liderear equipos y cómo dar tu 100% en un trabajo sin renunciar tu vida, me trajo desde España, (porque no lo vendían aquí) el primer libro de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres. El libro me enajenó y devoré los tres mamotretos de cientos de páginas; por eso, leer esta continuación a la saga, escrita por uno de sus aprendices (Stieg se murió sin terminarla) era uno de mis pendientes. Ya lo leí y meh… quédense con los tres primeros, son los geniales.

Otra vez a dieta

Así muy sin pensarlo, me volví a poner a dieta pero esta vez fue como si decidiera empezar a inyectarme heroína. Al menos así ha sido la reacción de la gente.

He recibido críticas, me cuestionan si como mucho o poco y lo más gracioso es que es la primera vez que me sujeto a un régimen estricto de alimentación no con la primera intención de bajar de peso, sino de estar bien, de descubrir de una vez por todas, cuáles son esos alimentos que me hacen daño y por primera vez, desde el 2003, sentirme 100% bien.

Son 28 días de un programa de alimentación llamado AIP: autoinmune protocol y fue diseñado por la doctora Amy Myers, autora de un libro llamado La clave está en la tiroides y de todo un sistema de medicina funcional encargado de atender, no solo los padecimientos estrictos de la tiroides, sino de dar tratamientos integrales a quienes los padecemos. Un libro en donde cuenta cómo se enfermó y su caminar por la enfermedad de Graves que la llevó a especializarse en esto. Su camino, ¡fue idéntico al mío! Y ahora mediante la alimentación y nutrición correcta -con comida y suplementos- ha dejado los achaques atrás. Esos a los que a una le dicen que tiene que acostumbrarse y que incluso se vuelven un casi un estilo de vida: tener sueño todo el tiempo y depender del café para sobrellevar el día, terminar el día agotado como si se hubieran atendido 10 hijos, tener tres pelitos ralos en la cabeza, tener frío hasta los huesos, tener hambre siempre y antojos, alergias, comezón, inflamación estomacal y pasar del estreñimiento a la diarrea en menos de 24 horas y así toda la vida, todos los días, todo el día.

El programa de 28 días consiste en consumir alimentos y suplementos alimenticios únicamente enfocados en aquellos que le hacen bien a los cuerpos como los nuestros, con solamente aquellas carnes, frutas y verduras que no inflaman, que te aportan energía, que aceleran el metabolismo y demás.

Y no, no es la comida del diario y no sé si lograré volverla un estilo de vida propio, pero quiero saber qué es lo que me hace sentir mal, para que la próxima vez que me enfrente a él, lo haga con conocimiento de las consecuencias y no vaya a ciegas por la vida sin saber por qué me siento como me siento o qué fue lo que me enfermó.

Mientras tanto, todos los días me siento como en la película (y libro) Julie & Julia, porque todos los días experimento recetas con ingredientes que no son los tradicionales y ha sido un viaje de sabor.

Y como cereza del pastel: bajé tres kilos en 7 días. Perdón.

¡Ya siéntese, señora!

Por más que intento hacerme un espacio en el día o la noche para atender este blog, no lo logro. Me distraigo con cosas bien tontas como ver stories, jugar Homescapes o leer notas clickbaiteras del internet.

Un día, en la bici de vuelta del trabajo (gran privilegio que tengo ahora), se me ocurrió que por qué no, hacía un podcast con esa amiga con la que de vez en cuando, me siento a arreglar el mundo. Con quien ya sea con café, chela o vino tino a raudales, siempre terminamos con grandes ideas que nunca concretamos.

Lo más fácil es grabar esas conversaciones y ver qué sale.

Luego detecté que toda mi generación está entrando a una edad en la que ya se hace más difícil (más no imposible) chavorruquear. Y por eso llegué a la conclusión, de hablarle a nuestros pares, de compartir anécdotas aderezadas con un poco de información e inspirar y poner a pensar. Además de hacer reír y dejarnos con un sentimiento de: bueh, al menos no soy la única.

Todo esto me llevó a ¡Ya siéntese, señora! un podcast con dos amigas con realidades diferentes a las mías y a la vez similares en donde, sumados nuestros conocimientos y personalidades, den como resultado un plática nutrida de datos, aprendizajes y chanfles porque no le sabemos a esto del internet.

Pásenle a escuchar y cuéntenos qué les parece:

Chernobyl, la nueva serie de HBO que me dejó en shock

Una vez pasado el berrinche por el final de Game of Thrones, les conmino a no cancelar sus suscripción de HBO y ver Chernobyl, la nueva miniserie que se estrenó el 10 de mayo y que consta de cinco episodios.

La serie describe los hechos ocurridos en los primeros días después de la explosión de uno de los reactores de la planta nuclear de Vladímir Ilich Lenin en Ucrania.

Además de una excelente producción nivel HBO y actuaciones que hacen parecer a esta serie un documental, hay otras cosas que me han dejado en shock…

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De darme cuenta de la magnitud de cagada a la que nos puede llevar la soberbia mezclada con cobardía. Sí, ambos sentimientos, son como un choque de neutrones que producen una implosión de estupidez.

En la serie, el dueño (o encargado, no sé no hablo ruso) de la planta nuclear minimiza el suceso hasta que, literalmente, toda Europa se le va encima y le exigen tomar las riendas de sus errores. Quizá de haber enfrentado el problema al momento, habría evitado que tengamos en el planeta una bomba que se va a apagar dentro de unos 300 años y que mientras tanto, riega de porquería y putrefacción todo a su alrededor.

Y creo que pasa lo mismo en nuestras vidas, cuando sabemos que hay un problema y lo minimizamos, lo evadimos y fingimos que no pasa nada porque nos creemos superiores a él y porque, en el fondo, no nos atrevemos a enfrentarlo.

Soy una experta en cerrar los ojos y subirle a la música cuando me estoy haciendo popis frente a algo. Pero como que por fin, en el umbral de mi midle-age-crisis, estoy realmente aprendiendo que lo mejor ante los inminentes problemas, es fajarse los pantaloncitos y entrarle al quite antes de que nos exploten las broncas en la cara.

Así que, vean la miniserie, enfrenten sus problemas y cuiden el planeta, es la única casita que tenemos para vivir.

Chernobyl se transmite en Latinoamérica los viernes a las 10pm o veanlo cuando quieran en la app (QUE NO SUBTITULA EL RUSO).

 

 

El problema de las expectativas parte 2

Iniciaré este post con una fuerte declaración:

A mí sí me gustó el final de Game of Thrones.

Empecé a ver GOT por allá del 2011 cuando ya se había terminado la primera temporada o estaba por terminarse y cuando yo me acababa de mudar a mi primer departamento comprado y con un saldo de -2 pesos en la cuenta de banco.

Entonces, sobra decir que la vi gracias al festival de Torrento y que tuve que ver dos veces el primer episodio porque no le agarré la onda a la primera.

Siempre me han gustado las producciones en ambientes medievales, con vestuarios rústicos y escenografías toscas. Por eso seguí la recomendación de Mario quien me dijo que le había gustado y como rara vez algo le gusta muuucho, pues confié. Y qué bueno.

GOT ha sido parte de la historia de Luis Chacho y mía. Al año siguiente lo conocí y quizá al año siguiente, para la cuarta temporada, le dije lo importante que ya era la serie para mí y lo mucho que significaría para mí que la viera. Lo convencí, lo mantuve despierto durante todo el primer episodio, resaltando los momentos que eran clave y entonces empezó el viaje de ver juntos los episodios.

Ahora siento curioso que esas dos primeras temporadas que vi del internet, con semanas de retraso, las vi libres de spoilers. Pero todo cambió en el episodio nueve de la tercera temporada: Red Wedding.

Fue la primera vez que vi spoilers que realmente me afectaron y esa misma semana contraté HBO y empecé a verla cada domingo a las 8 de la noche.

Luego, entré a trabajar a un periodico donde trabajaba los domingos y salía a las 8:30 de la noche. Afortunadamente la oficina era lo suficiente cerca de casa para salir corriendo a las 7:52 y llegar a ver mi momento favorito de los domingos:

 

Sin embargo, sí tuve que quedarme a ver algunos episodios en la oficina pero eso se compensó con el privilegio de escribir de la serie como parte de la chamba.

¿Por qué me gustó el final?

Ahora bien, tomando en cuenta todo este cariño y el viaje que ha sido durante ocho años esta serie, debo ser justa con ella. Y sí, yo también sentí que los penúltimos tres episodios pudieron ser seis y resolver los conflictos con más paciencia y detalle – como nos tenían acostumbrados – pero tampoco creo que se hayan “desdibujado” los personajes, como dicen quienes se están rasgando las vestiduras porque el final no mostró las teorías en las que han creído ciegamente desde que alguien se las platicó.

Creo que juzgar un final porque no cumplió tus expectativas de la trama, es un poco infantil. A mi parecer, los personajes clave tuvieron su cierre, las profecías se cumplieron y los momentos importantes cumplieron su propósito. Por ejemplo: el entrenamiento de Arya sirvió para matar al villano más cabrón e inmatable de la serie, que Jon regresará de la muerte, sirvió para que pudiera matar a Daenerys burlando la seguridad de Drogon y que eso ayudara a “romper la rueda” (nadie heredará el trono sino lo ganarán por votación). Los inválidos, tullidos, bastardos y renegados encontraron su lugar en la mesa del consejo… y eso ¡está bien padre!

Gracias Game of Thrones por todos los momentos que me diste para teorizar, conspirar, por romperme el corazón, robarme el aliento, sacarme lágrimas, provocarme taquicardia y darme una emoción 8 domingos al año.

 

Cómo conseguir boletos para Broadway a mitad de precio

O como yo le llamo: una historia más de amor con Nueva York.

Dicen que la diferencia entre el amor y el enamoramiento son las experiencias compartidas, pues son éstas las que consolidan una relación y unen a las personas. O algo así.

Esto me lleva a conlcuir que mi historia con Nueva York se está volviendo en amor del bueno.

Esa ciudad pasó de ser el sueño cumplido (por conocerla), a ser la ciudad donde Mr. A me dio el anillo de compromiso (dejo el video del momento), a volverme a enamorar con un musical.

La primera vez que escuché a Sara Bareilles fue con Love Song, de ahí escuché todo el disco y su voz, letras y arreglos a la Sheryl Crowe en pleno 2007, me conquistaron. Luego en 2013, Brave se volvió el himno que me ayudaba a superar el pánico que me causaban mis jefes alemanes y la incertidumbre por el trabajo que perdía.

Por ahí de 2006, pasaba casi todas las tardes sabatinas viendo películas con mi papá y mi hermana y en una de esas sesiones vimos – a petición mía- Waitress con Keri Russell interpretando a una mesera de la cafetería de un pueblo con un especial talento para preparar tartas. Sobra decir que al terminar la película corrimos a la panadería de confianza por una.

La película deja un sentimiento agridulce pues sus personajes no son puramente bondadosos pero sí son entrañables, cometen errores como toda la gente en la vida real y están en un momento de sus vidas bastante turbulento.

Sumen ahora todos estos ingredientes y tendrán uno de los mejores momentos que he vivido: Nueva York, musical en Broadway llamado Waitress, con música y letras por Sara Bareilles, inspirado en la película que vi con mi papá, ¡a mitad de precio!

Nunca faltaba quien me dijera que no valía mi ida a Nueva York si no entraba a ver un musical. Y yo pensaba: ¡Ah, sale! ¿Tienes 200 dólares que te sobren? Porque yo no.

Pero, ¿cómo conseguir los boletos a mitad de precio?

Resulta que es cuestión de mucha suerte. En pleno Times Square hay una taquilla en donde puedes ir el mismo día y si hay boletos para la función de esa misma noche, los encuentras al 50% de descuento. ¡Y voilà!

¡Pudimos ver Waitress por 89 dólares!

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¡Y desde este increíble lugar! ¡Ninguna cabeza me tapó!

¿De qué trata Waitress?

Jenna tiene un marido maltratador. Mientras ella se desloma atendiendo mesas y preparado las tartas del restaurante donde trabaja, su marido le pide el gasto cada día que regresa de trabajar.

De pronto, se entera que hay un concurso estatal de tartas y ve el premio como la posibilidad económica de por fin poder dejar a su marido.  Porque en su mente, ella depende de él y no al revés. #AmigaDateCuenta

Jenna tiene dos amigas en la cafetería con sus propias y peculiares historias de amor.

Lo más bonito de este musical, además de la estética llena de color, es precisamente la música a cargo de Sara Bareilles, con letras que parecen inocentes y dulces, para darte un revés irónico, como la vida misma, que te golpean justo en tus frustraciones.

Como lo hace la película.

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No se pierdan mi cara de enamoramiento al final.

Y las voces son lo máximo, porque no son temas fáciles de cantar pero igual pienso prepararlos para la próxima noche de karaoke. Y también pienso regresar a Nueva York tanta veces como me sea posible porque esa ciudad nunca terminaré de verla.

Así, bien mágico.