La culpa la tienen las estrellas

The fault in our stars es el libro más bonito que he leído desde Tokio Blues. Y sí, ya sé que hoy en día los que no leen ya superaron a García Márquez como su quesque autor favorito y que mi adorado Murakami ha ocupado su lugar. Es el segundo libro que leo de John Green y me quité el sombrero. Primero leí Buscando a Alaska y me gustó mucho su estilo sencillo, natural, su retorcido sentido del humor, pero ahora con Bajo la misma estrella, sumó a ese talento la capacidad de describir el dolor como pocos autores lo logran. Es como si él mismo lo hubiera sentido, pocos son capaces de describir esos dolores tan invasivos en el cuerpo, que te hacen olvidar incluso quien eres y los buenos sentimientos que viven en ti. Y él lo logra de forma magistral.

Hazel Grace es una chica de 17 años con un cáncer que empezó en la tiroides y bajó a los pulmones, por lo cual ahora vive sujeta a un tanque de oxígeno permanentemente. En el grupo de apoyo para adolescentes con cáncer, conoce a Augustus, un chico que sufrió osteosarcoma que lo llevó a perder una pierna. En medio de las pérdidas, el dolor y el cuerpo que no responde, ellos encuentran el amor cómplice que tanto me gusta leer y ver en las pantallas.

Creo que sin recurrir a situaciones sobrenaturales (vampiros), Green logra retratar una historia de amor más profunda, emotiva y al mismo tiempo desgarradora que cualquiera de los demás autores contemporáneos de literatura juvenil han hecho.

La mejor noticia es que va a ser película y yo había procurado mantenerme alejada del trailer hasta no haber leído el libro. Lo terminé la semana pasada y, hoy lo vi. Por un segundo me preocupé de que me fueran a cachar llorando en la oficina frente a la computadora, pero no pasó. Debo decir que mientras leí el libro, me mantuve estoica, sin derramar una lágrima. Lo leí con la dignidad y aplomo que Hazel me enseñaba, pero al ver la historia moverse y sonar, no pude resistirlo.

La protagonista será Shailene Woodley y creo que es de las contadas estrellas juveniles que además de saber posar en las alfombras rojas, también sabe demostrar emociones, o sea actuar.

En ti tengo puestas mis esperanzas.

Creo que tenemos una opción en este mundo en cómo contar las historias tristes. Por una parte, puedes disfrazarlo. Donde nada están tan arruinado que no pueda arreglarse con una canción de Peter Gabriel…

Este mundo necesita más Malamadres y menos valemadres

Sí, quizá el guión de Celda 211 tiene muchas fantasías o cosas alejadas de la realidad y te presentan una visión demasiado dulcificada de lo que seguramente es una cárcel. Pero no es eso lo más importante para mí. Lo que a mí más me gustó y me llegó (y que por eso vengo a hacerle CPR a este blog) es el personaje de Malamadre. El preso más cabrón de la penitenciaría, a quien tienen en una celda aparte y que con todo y eso, logra montar un follón (amo esa expresión), o sea arma un motín cuyo único objetivo es lograr mejores condiciones para los presos. Como él dice, no tiene nada que perder y utiliza su agilidad mental , fuerza y personalidad para lograrlo. Es un tipo que a cualquiera nos sacaría un sutazo por la pinta que se carga. Pelón, fornido, tatuado, con barba cerrada, todos esos clichés que nos hacen alzar los brazos y sacar la cartera nomás de verlos. Pero en el fondo, el hombre es un humanista. No se mancha con la gente nomás por el gusto de hacerlo sino siempre con una razón y un motivo humano. Le caga la gente gandalla y mediante su fuerza bruta defiende las causas que puede. Es un líder y desde su trinchera arma una pequeña batalla (que de antemano sabe que la tiene perdida pero que un poco de ruido no hace mal a nadie y algo bueno se puede recuperar). El problema, como siempre, es que lo traicionan y blah blah. Pero bueno, lo que me atañe es que creo que tengo algo de Malamadre en mí. Me choca la gente gandalla y que no piensa en otros más que en sí mismo. Hoy por ejemplo me enfurecí cuando alguien me respondió: “que el colaborador se espere hasta que regrese fulanita para que le paguen”. Y yo dije ¡¿QUÉ?! Claro, como no es tu dinero. Tú qué sabes si el otro tiene algún compromiso y necesita el varo, y sólo por comodidad no harás el trámite. Ufas, me enfurecí y como siempre solté la primer respuesta bruta que me vino a la cabeza (igualito que Malamadre) y como esas, varias. Claro, no es que me vaya montado follones por donde pase, pero entiendo la furia del tipo ante la incapacidad de otros de ver más allá de los dos dedos que tienen enfrente. Este mundo necesita más Malamadres y menos valemadres, digo yo.

Laissez-les manger des gâteaux

Hace poco un amigo twiteó que le gusta ver la versión de Maria Antonieta que hizo Sofia Coppola hace un poco más de dos años. A mí también. Tengo ese extraño cariño que un periodista desarrolla sobre la película que cubrió. O sea que fue a ver meses antes del estreno (que nunca sucedió en México, tristemente), que entrevistó a los actores, a la directora y a uno que otro técnico. Recuerdo que lo primero que dije cuando vi la peli fue: ¡Quiero ese soundtrack ahora! Y es que la música de una película siempre me distrae. Pero bueno el punto es, que lo que más, más me gusta de Marie Antoinette son todos esos diálogos que no están dichos y que desarrollas en tu mente. Para mí, es el mismo placer que te dan los libros, en donde tu mente construye los escenarios, donde le pone cara a los personajes e incluso les asignas un tono de voz. Creo que de vez en cuando debemos darle a nuestro cerebro ese placer, el de construir, imaginar, crear. Gracias a películas como esa, nos pasa de vez cuando. Y claro, para cuando sus cerebros estén cansados y necesiten infomación lista para ser asimilada sin demasiados procesos, vean Avatar. (já, pero conste que ya dije que algo me gustó).