Reto papaya

Con esta novedad empecé la semana. Una dieta de shock que prometía una drástica pérdida de peso, igual de drástica que su contenido calórico. Así la bautizamos. Día uno: comer solamente papaya. Y debo decir, que hoy, a una semana de haberla empezado, lo recuerdo como un día divertido. Al ser el día más rudo, la empezamos en domingo para no desquitar nuestras frustraciones con los compañeros de oficina. Nos enclaustramos el domingo, nos armamos de series y películas que teníamos pendientes por ver y nos concentramos. Como a las 8 de la noche yo ya sentía que me les iba; el problema es que no me gusta la papaya, entonces comía menos de las que debería. Pero logré concentrarme, y en tres episodios de Downton Abbey, acabé con el último tazón del día. Los días que siguieron no se hicieron más fáciles, es un dieta con cero carbohidratos y muchas proteínas. Descubrí que en Superama venden buenos cortes de carne, que el té de Get Lost de Republic of Tea, realmente aliviana la ansiedad por el dulce y gracias a él, a las porras y el ejemplo del novio y a mi concentración mental (eyes on the price) hoy por primera vez siento tanta emoción que hasta me quiero volver a subir a la báscula.

Mis conflictos cuando hago dietas tan rudas son salir y comer en lugares públicos pues por mucho que los restaurantes cada vez ofrezcan más opciones light, difícilmente alguna se adapta a lo permitido en la dieta. Pero hace poco aprendí de un colega publirrelacionista, que uno puede llegar al sitio y pedir el platillo adaptado a la dieta, te buscas lo más parecido y pides que quiten lo que no puedes comer, ojos que no ven, antojo que no despierta. Y si de plano no hay lo que puedes comer, lo pides, nada pierdes con intentar. (Fue muy chistoso cuando lo vi hacer eso, porque sentí un poco de pena ante el mesero pues si yo hubiera estado de ese lado, no habría evitado pensar: ¿Por qué no mejor se lo prepara en su casa? Ji, ji). Y así fue. Salí dos veces con amigos y superé la prueba sin sentir feo y disfrutando las porciones que me tocaban.

Hoy todo es felicidad y es de esos días en los que mi cuerpo me hace pensar que llegar al peso ideal es posible, ya veremos.

Peso actual: 60.3
Por bajar: 6.3 kg

Jugo verde, nos volvemos a encontrar

Esta semana tocó tomar jugo verde diario en el desayuno. Alguna vez recuerdo que mi mamá me preparó uno pero sentir la baba del nopal viajando por mi paladar me provocó más arcadas que el olor a vomitada de la papaya. Así que me rendí. 

Pero la nueva Piti, tiene una actitud más flexible ante esta dieta, donde los alimentos están incluidos por algo y no se verán los resultados si no intento tener algo de constancia y docilidad. 

El primer día me tardé media hora en lograr la consistencia lo menos grumosa y babosa posible, pero cada día me fui tardando menos y el verdadero logro fue llegar a la textura uniforme del jugo. El primer día me quedó como gaspacho, el sexto hasta parecía de esos que vienen embotellados. 

Mi proceso era: poner la media taza de jugo de toronja en la licuadora, picar el nopal, agregarlo a la licuadora y dejarlo licuando en la mínima velocidad mientras picaba el apio y luego la piña. Agregar un poco de cilantro y entonces sí, PRRRRRR, máxima velocidad y sonido de “estamos por lanzar un cohete a la luna”, durante dos minutos y listo, licuado licuado. ¡Yum! Pa dentro sin pensarlo y sin dejar que se asiente nada. 

El poder astringente en mi estómago, se sentía como si en vez de jugo me estuviera tomando dos cucharadas de jabón cortagrasa. Sí sentí una limpieza a fondo, pero la báscula se nos reveló y me regaló 200 gramos más. Bu.

Peso actual: 62.8
Peso por perder: 9.8

El valle de la semiótica

En la Universidad me tocó llevar la materia de Semiótica 1 y 2. Tenía un maestro muy bueno, al que solo yo le entendía y hasta eso, hoy me resulta imposible recordar claramente qué fue eso que aprendimos. Durante el primer nivel de semiótica, al ver nuestras caras de confusión nos decía “Este semestre está lleno de información complicada y parece que estamos subiendo una cuesta interminable, pero el siguiente, les prometo que veremos el valle de la Semiótica”. Y eso mismo siento que pasa con las dietas.

A. ha demostrado ser un verdadero jedi del régimen alimenticio, pero estaba llegando al temido punto en toda dieta donde, ya no bajas tanto de peso y con poco que la quiebres, incluso hasta ganas algunos gramos y empezaba a desesperarse. Pero yo siento que quienes logran pasar este momento, que es como saltar ese punto donde rompen las olas en el mar, llegan a una etapa donde la buena alimentación y el movimiento se vuelven un hábito, donde el cuerpo sabe que no vas a matarlo o a atascarlo de comida y logra un ritmo constante y natural para metabolizar lo que ingerimos y así poco a poco, se vuelve natural estar en tu peso, y se siente como ver el valle de la Semiótica.

Por mi parte, fui a mi cita semestral (que esta vez fue anual) con el Endocrinólogo, mi dosis aún no está perfecta así que hizo algunos ajustes. Ya nos dirá la báscula si ayudaron o no. Mientras tanto, creo que por fin puedo funcionar durmiendo 7 horas y no las 9 que necesitaba. Algo es algo.

Peso actual: 62.6
Peso por bajar: 9.6

Love is a feeling

Así dice el coro de una de mis canciones favoritas de Michael Jackson. Empecé a ser fan con el disco Dangerous (I’m sorry if I disappoint you) pero en mi favor debo decir que a partir de ahí me puse a escuchar sus otros discos, en loop. Pero cuando escuchaba Give in to me, con mi discman, sin entender qué era eso que sentía, puedo decir, ahora a la distancia, que fue cuando aprendí que la música despierta emociones que no necesariamente tienen una etiqueta. Hasta me acuerdo que me aventé uno de esos “pensamientos” que me daba por escribir. De haber nacido millenial tendría un Tumblr “bien acá”. El punto es que en aquel entonces si algo me conflictuaba era tener que etiquetar sentimientos, tenía tantos, que qué necesidad. Mejor ir por la vida como esa ollita exprés de hormonas y emociones y desahogarlas con los audífonos puestos y bailando.

Ahora creo que parte de la madurez es la plena conciencia y la serenidad de contemplar los sentimientos, de reconocerlos, de observarlos sin juzgarlos, sin castigarse o criticarse. Y hoy estoy en uno de esos días donde observo mi frustración y mi nostalgia como aquello que mañana me inspirará a volver a agarrar mis herramientas y seguir en el juego. Frustration is a feeling, nothing more.

Peso actual: 63.2
Por bajar: 10.1

 

LA lista

Llega el momento en toda dieta en el que se han acumulado tantos antojos que hasta pueden enlistarse:
– Pizza
– Mixiotes
– Gordita grasienta de chicharrón *saliva*
– Gansito
– Pasas cubiertas de chocolate
– Chilaquiles
– Chetos
– Arabule

Y es entonces cuando recurro a mi foto motivacional de delgadez. Omm.

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Un día a la vez, una semana a la vez, una cosa a la vez

En enero leí The Amazing Adventures of Dietgirl que cuenta la historia de una chica australiana que pesaba 160 kilos y un día decidió que no quería seguir viviendo oculta en su casa por temor a que su gordura no la dejara vivir. Y es así como narra la forma en la que empezó a cambiar sus hábitos de bienestar. Se inscribió a Weight Watchers para aprender a comer pero poco a poco fue aprendiendo y conociendo su cuerpo hasta encontrar qué era lo que funcionaba para ella. Entre esas cosas descubrió que esto de los cambios no se pueden hacer todos de la noche a la mañana, pero que sí podía hacer una cosa cada semana. La primera, empezó la dieta, la segunda empezó a tomar sus dos litros de agua diarios, la tercera salía a caminar… y así sucesivamente. Y como esa filosofía me gustó, empecé casi igual. Las primeras semanas siguiendo el nuevo régimen, planeando menús para la semana, comprando de acuerdo a ellos, (debo mencionar que es muy satisfactorio llegar al fin de semana y ver como se vacía gradualmente el refri, como no desperdicias, como todo lo que está y estuvo ahí sirvió para tu bienestar). La siguiente semana, tomar agua, para eso le puse una hora a cada cuarto de litro, de tal forma que me tomo el primero hasta antes de comer y el segundo litro después y creo que a ese respecto por fin logré hacer el hábito de tomar dos litros al día pues mi cuerpo me lo pide. Ya es más por costumbre que por obligación. Y el tercer logro, que hice estas dos últimas semanas que terminó fue irme caminando a trabajar. Creo fervientemente que caminar es el mejor ejercicio.  Esta semana lo hice cuatro de cinco días y el resultado fue restarle un kilo a la báscula.

No me quiero emocionar pero puede ser que estemos de vuelta en el juego, así, un día a la vez, una cosa a la vez, una semana a la vez.

Peso actual: 63.1

Peso perdido: 1 kg

Por perder: 10.1 kg

Este cuerpo no es mío

Estaba procastinando la escritura de este post porque no tengo buenas noticias que reportar. Subí un kilo. He vuelto al peso original. (Inserte música de telenovela trágica aquí). Y sí, me desilusioné, pero no tanto. Creo que estoy desarrollando resistencia a las frustraciones. Pero sigo en la lucha. El miércoles y el domingo logré levantarme a correr y el jueves y viernes, ¡me fui caminando a la oficina! Es una maravilla. Son 4.5 kms, perfectamente caminables, eso sí, debo llevarme puesta una playera dryfit y otra en mi mochila para llegar a cambiarme porque no bajaré de peso, pero sudo como si en cada sesión de cardio perdiera decenas de BMI.

Así es la historia con mi cuerpo. Hago la dieta estrictamente durante siete días, bajo 600 gramos. La rompo dos días, subo un kilo. A. también la rompió pero el subió 200 gramos y claro, cuando baja, es de a dos kilos mínimo. Ni modo. A seguirle, pues tengo fe en que esas caminatas o sesiones de running más la disciplina, me tienen que llevar a algún lado cercano al peso en el que me gustaría vivir. Algún día este cuerpo se rendirá ante los nuevos hábitos y volverá a hacerme caso, a pertenecerme, je.

Semana: 5

Peso: 64.1 kg

Peso por perder: 11.1 kg