Los libros que leí en 2019

Como fueron poquitos (snif) les cuento de todos por si andan buscando qué leer.

¿No les pasa que llega el fin de año y uno de los propósitos es leer más? A mí siempre. Y entro como loca a ver las listas de Goodreads, EW, New York Times, New Yorker y Bustle a ver qué recomiendan, qué fue lo mejor del año y empieza la descargadera de libros (porque ya no compro físicos porque ya no quepo en mi casa) y luego conforme van pasando los meses llegan otros que me atrapan más y los primeros propósitos se desvanecen?

Supongo que así pasa con todo.

Pero para alimentar al horder consumista que somos, les dejo mi lista de lo leído en este año y cómo me fue con cada cosa.

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  1. Las deudas del cuerpo – Elena Ferrante
    El tercer libro de la saga de Las dos amigas con el inigualable estilo de esta italiana que parece que te cuenta cosas bien suavecitas y de repente ¡pum! una bomba mental que te puede dejar enganchada por semanas. Me encantó porque sin ser adoctrinante, es un libro puramente feminista, que mediante una historia de amistad, hurga en la mente femenina, en cómo crecemos y las ideas tóxicas que nos atormentan en cada etapa de nuestra vida. Amigas, lean los cuatro. Recomiendo 100%.

  2. Lo que sucedió cuando me rompiste el corazón – Rocío Carranza
    Este libro lo leí porque entrevisté a la autora. Lo leí en una semana, mientras moría lentamente de influenza y aunque en esencia es una historia de duelo amoroso, a mí me ayudó como parte de un duelo laboral. Está lindo y se lee muy rápido. Perfecto para superar al inombrable.

  3. La niña perdida – Elena Ferrante
    El cuarto libro de la saga que les conté en el número uno. Este cierre es devastador.

  4. A todos los chicos de los que me enamoré – Jenny Han
    La película ya está en Netflix. Es una linda y tierna historia sobre conocer el amor, conocer los sentimientos. Repleta de inocencia, ternura ¡y muchas manualidades! Ideal para quienes llevamos una ñoña adolescente en el corazón.
  5. A todos los chicos: P.D. Todavía te quiero – Jenny Han
    Después de ver la película, me dio mucha curiosidad sobre cómo podría continuar esta historia. Por eso leí el primer libro y me fui como hilo de media con el segundo. Está medio sacado de la manga, pero una vez que una historia me atrapa, ya tolero lo que sea. (Menos a tu tercer libro de Crepúsculo, Stephenie Mayer)

  6. Golpéate el corazón – Amèlie Nothomb
    Ya había comentado en este blog que cuando sea grande, quiero escribir como ella y por eso no podía perderme este libro recién salido del horno. Lo leí en un fin de semana y me voló la cabeza. Amèlie te pasa de la risa al shock como nadie. Me encantó la historia, que no quiero contar pero resumiré como el daño que puede hacernos la falta de amor maternal. Guau.

  7. La clave está en la tiroides – Dra. Amy Myers
    Hablando de libros que te cambian la vida. En este 2019, la nueva vida laboral me ha llevado a conocer gente que nunca creí ver fuera de una pantalla y una de esas personas, me recomendó este libro que me dio la orientación sobre mi achaque que necesitaba. Me ayudó a verlo en vez de como una carga, como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje. Este libro me orientó en lo que mi cuerpo necesita y además, se volvió en esa clase de cocina que tanto buscaba. Si alguien por aquí, tiene una tiroides defectuosa, léanlo por favor y amen a su cuerpo con acciones de bienestar.

  8. Como caracol – Alaíde Ventura
    Creo que las comunidades que se han vuelto poderosas, lo hacen porque sus miembros se apoyan con acciones, compran sus productos, los recomiendan y se dan negocio entre ellos. Esa fue la primera razón por la que leí este libro que me sorprendió estrujándome el corazón porque la historia me resulta treméndamente familiar. Alzheimer, abuelos y libros rodeados de una ternura y elocuencia que le quiero copiar. (Y me quiero robar a Gordoloba)

  9. Lo que no te mata de hace más fuere – David Lagerrantz
    Hace algunos años, mi ex jefa sensei que me enseñó a hacer revistas, a liderear equipos y cómo dar tu 100% en un trabajo sin renunciar tu vida, me trajo desde España, (porque no lo vendían aquí) el primer libro de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres. El libro me enajenó y devoré los tres mamotretos de cientos de páginas; por eso, leer esta continuación a la saga, escrita por uno de sus aprendices (Stieg se murió sin terminarla) era uno de mis pendientes. Ya lo leí y meh… quédense con los tres primeros, son los geniales.

El Pacific Crest Trail vs. Periférico Sur

La única certeza que tenemos en la vida es el cambio. ¿O no dicen así?

Y aplica.

Hace seis meses cambié de trabajo. Si fue una buena o mala decisión, se elaborará sobre ello en otro post.

Lo que ahora atañe es todo el viaje que ocurrió alrededor.

Porque de caminar menos de 10 cuadras para ir a trabajar pasé a cruzar 10 kms diarios para llegar a la oficina.

Y además me deshice del coche para deshacerme de deudas. No las acabé, pero me eso me dio un respiro que realmente necesitaba.

Financieramente cometí muchos errores, principalmente el de la negación. El de creer que seguía teniendo el mismo ingreso en un año donde varios proyectos se cayeron. Y por eso tuve que tomar decisiones radicales.

Una de las cosas que más me atormentaban de pasar tanto tiempo “conmuting” era que lo sentía como tiempo perdido.

Entonces me acordé de los libros. Empecé intentando “leescuchar” audiolibros pero no me funcionaron porque ir viendo el paisaje incitaba a mi mente a divagar y terminaba poniendo atención a todo menos al libro.

Pero después llegué a los iBooks, entre los que tenía “Wild. From lost to found on the Pacific Crest Trail” de Cheryl Strayed. (También está la película con Reese Witherspoon por si gustan).

Las memorias de una mujer que tras vivir la muerte de su madre emprende una aventura extrema para reencontrarse consigo misma.

Ella cuenta cómo caminó casi 300kms por la costa oeste de Estados Unidos cargando una mochila que probablemente pesaba más que ella misma, enfrentando sus miedos y viviendo sin más que con lo que traía cargando.

Mi caso no es ni un 10% así de radical, pero también me tocó enfrentar mis propios miedos al transporte público y a sobrevivir el día lejos de casa a más de 10kms sin mi cochecito preciado con el que podría salir corriendo. Aquí al pie del periférico esperando el camión con la gabardina que cargo diario en la mochila, más mi comida, colación y demás provisiones que se necesitan en el día.

He tenido coche desde los 18 años, generación X donde se le inculcó a uno que el principal síntoma de éxito era hacerte de tu medio de transporte y sin concebir una vida en la que no me moviera sino era en auto.

Y quizá haya quienes digan “ay pobre clase mediera y sus crisis absurdas, no sabe nada” y quienes digan “¿Cómo, hay gente sin coche? ¿Cómo viven?”, sí, lo he escuchado.

Pero al ser esto un blog personal, toca poner mi propia reflexión y darme chance y reconocerme el viaje que me ha tocado enfrentar. Agradecer a mis papás que se sobaron el lomo para que yo viviera una vida tan cómoda donde no tuviera que pisar un metro o hacerle la parada a un microbús y a mí por adaptarme a este estilo de vida si tantas neurosis ni flagelarme con la idea de haber fracasado en la vida.

Entiendo que es una etapa y que aunque ahora no me sienta como la persona más exitosa en la vida (no solo por el tema de tener o no coche sino por otras cosas mas) sé que me toca aprender una lección y estoy tomando mis apuntes.

Peace with myself.

El secreto

Siempre he creído que tengo poderes.

Al menos el poder de pedir una cosa y que se cumpla. Primero pensaba que era porque tenía unos papás maravillosos que me cumplían todos mis caprichos, pero conforme ha avanzado la vida y he dependido menos de su provisión, me he dado cuenta que en gran parte es porque el universo, Dios o la vida me ponen al alcance las cosas que deseo con el corazón.

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Por ejemplo Nueva York, durante algunos años, cada vez que sentía ganas de ir, se aparecía una oportunidad, ya sea por trabajo o por ofertas, gracias a las que lograba pisar esa ciudad que tanto amo.

Así me pasó con Japón, Maili (mi gatita) y más recientemente con un libro.

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Cambié de giro laboral y me angustiaba mucho no saber tanto de la nueva industria a la que me uní. Entonces pensé: “seamos autodidactas”.

Y como mi forma de aprender, debido a mi generación X, es mediante libros; busqué en iBooks y Kindle algo que pudiera ayudar. Y fue así como llegué a The Song Machine: Inside the Hit Factory que salió el año pasado, escrito por John Seabrook, un periodista de la revista The New Yorker, donde describe los últimos 30 años de la música pop. Cómo surgieron esos hits y esos fenómenos musicales así como muchos, muchos datos que estoy tratando de aprenderme como si me fueran a hacer un examen de ese libro.

Apenas llevo el 30% leído y ya siento como si me hubieran dado una clase de la industria musical. Cada vez que lo abro o lo escucho (el audiolibro está incre porque el locutor tararea las canciones) me da emoción por lo que voy a aprender hoy.

El universo me quiere y yo a él.

Parece magia

Una nueva ceremonia del peso llegó, me quité los calcetines y me subí a la báscula con nulas expectativas. Esta semana rompí la dieta varias veces y no solamente en el sentido de comí algo extra, sino que me salté comidas y por lo que he aprendido en la lógica de las dietas, hace igual o más daño saltarse comidas que echarse un pedazo de pizza en vez de la quesadilla de queso panela que tocaba. Esas son son mea culpa de la semana. La saltada de colaciones se la debo a que durante tres días me la pasé metida en juntas y me daba muchísima pena sacar mis naranjas y demostrar públicamente el baño de cítrico que me doy cada día. No sé por qué razón da pena devorarse una naranja y no da pena mantener la mano metida en la charola de galletas. ¿Es más elegante comer calorías vacías que jugosas frutas? Mmmh.

Aún así la poderosa y milagrosa dieta me hizo perder 700 gramos. Nada da más emoción que romper dígitos en la báscula y en las deudas. Para darle un seguimiento lógico y no perder el ánimo, descargué una app que traza un plan de pérdida de peso sano y a un ritmo tal que el rebote no suceda a la primera semana de abandonar el programa. La app se llama CounterPlus y segú ella, si pierdo peso a un ritmo de medio kilo por semana, en julio habré llegado a mi peso meta. Muero de la curiosidad si lo lograré porque en estas dos semanas he superado esa meta y creo que puedo seguir a este ritmo perfectamente durante seis meses más. A veces me entra tanta euforia que creo que puedo seguir a este ritmo por toda mi vida. Estoy tan emocionada que ¡me compré una papaya! Me he sentido tan bien con la comida que quiero darme la oportunidad de aprovechar los beneficios de esa fruta y premiar a mi cuerpo con algo que le hace bien, aunque mi paladar proteste en cada bocado. Hoy me comí media taza y no vomité. Se considera un logro y espero continuar así lo que resta de la semana. 

Justo ahora están pasando en MTV uno de estos programas donde la gente pierde cantidades impresionantes de peso en 100 días y la participante habla de estar concentrada. Yo no creo que uno deba poner el 100% de su atención en esto pues la vida sigue y el punto es incorporar los buenos hábitos alimenticios y de movimiento en la vida cotidiana y no modificar totalmente quien eres en eso, claro a menos que sea un caso de emergencia y esa sea la prioridad. Mi prioridad de momento es poner cada cosa en su justa proporción y atender cada área de mi vida en su justa medida. Esta semana me toca ver a mis amigas. He dicho. 

Semana 3

Peso: 62.4 kilos

Por bajar: 9.4 kilos

PS. Estoy a medio kilo de que me cierren mis pantalones.