Mujeres con pantalones que usan faldas

O lo que es lo mismo: ¿por qué me está gustando tanto Downton Abbey?
Hoy vi Endless Love y pensaba escribir una reseña al respecto y quizá en medio de esta maraña de ideas salga. La película es una chick flick actual que, en lo personal, decepciona. Cuenta la historia de una pareja de recién graduados de prepa que ven frustrado su amor por la obsesión del papá (suyo de) ella para que se concentre en su carrera de medicina y en lo posible se ligue a un futuro cirujano de prometedor futuro y no al hijo del mecánico con quién se ha estado echando ojitos, chon y colchón. La historia se desarrolla torpemente con base en una check list de clichés musicalizados por las bandas indies del momento. Pero los personajes desesperan: por ejemplo, la mamá de la protagonista quiere enviar una carta de recomendación a una universidad para que acepten a su nuevo yerno y así se supere (y se parezca un poco al prospecto que tenían pensado para su hija) pero le pide al marido que ponga la carta en el correo. Porque aunque la historia suceda en 2008 o 2013, aún no se estila el correo electrónico ni mucho menos que las mujeres por sí solas puedan poner una carta en el correo. Ash.
En cambio, en Downton Abbey, una historia que sucede en una hacienda en Inglaterra en 1917-1920 (hasta ahí voy), las mujeres saben lo que quieren y se mueven para lograrlo. Cada una desde su trinchera, la mucama que renuncia para volverse secretaria y tener un oficio mejor remunerado y porque era su sueño, la señora que se niega a permanecer encerrada bordando o chismeando y crea su propia fundación, la heredera que cambia su vestido largo por el uniforme de enfermera y más y más.
Y sí, también tiene sus clichés de telenovela, pero caen tan natural en la historia que no ofenden la inteligencia del espectador que en sus más salvajes sueños también aspira a lograr sus salvajes metas y ponerse los pantalones para lograrlo.

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La culpa la tienen las estrellas

The fault in our stars es el libro más bonito que he leído desde Tokio Blues. Y sí, ya sé que hoy en día los que no leen ya superaron a García Márquez como su quesque autor favorito y que mi adorado Murakami ha ocupado su lugar. Es el segundo libro que leo de John Green y me quité el sombrero. Primero leí Buscando a Alaska y me gustó mucho su estilo sencillo, natural, su retorcido sentido del humor, pero ahora con Bajo la misma estrella, sumó a ese talento la capacidad de describir el dolor como pocos autores lo logran. Es como si él mismo lo hubiera sentido, pocos son capaces de describir esos dolores tan invasivos en el cuerpo, que te hacen olvidar incluso quien eres y los buenos sentimientos que viven en ti. Y él lo logra de forma magistral.

Hazel Grace es una chica de 17 años con un cáncer que empezó en la tiroides y bajó a los pulmones, por lo cual ahora vive sujeta a un tanque de oxígeno permanentemente. En el grupo de apoyo para adolescentes con cáncer, conoce a Augustus, un chico que sufrió osteosarcoma que lo llevó a perder una pierna. En medio de las pérdidas, el dolor y el cuerpo que no responde, ellos encuentran el amor cómplice que tanto me gusta leer y ver en las pantallas.

Creo que sin recurrir a situaciones sobrenaturales (vampiros), Green logra retratar una historia de amor más profunda, emotiva y al mismo tiempo desgarradora que cualquiera de los demás autores contemporáneos de literatura juvenil han hecho.

La mejor noticia es que va a ser película y yo había procurado mantenerme alejada del trailer hasta no haber leído el libro. Lo terminé la semana pasada y, hoy lo vi. Por un segundo me preocupé de que me fueran a cachar llorando en la oficina frente a la computadora, pero no pasó. Debo decir que mientras leí el libro, me mantuve estoica, sin derramar una lágrima. Lo leí con la dignidad y aplomo que Hazel me enseñaba, pero al ver la historia moverse y sonar, no pude resistirlo.

La protagonista será Shailene Woodley y creo que es de las contadas estrellas juveniles que además de saber posar en las alfombras rojas, también sabe demostrar emociones, o sea actuar.

En ti tengo puestas mis esperanzas.

Creo que tenemos una opción en este mundo en cómo contar las historias tristes. Por una parte, puedes disfrazarlo. Donde nada están tan arruinado que no pueda arreglarse con una canción de Peter Gabriel…