A dos de tres caídas – La vida sin tiroides

Así, triste y teniendo que ver al susodicho y a la susodicha suplente todos los días en la oficina, seguía adelgazando pero cada día me cansaba más al caminar o subir escaleras, si me agachaba, me levantaba con la agilidad de una persona de 70 años, cuando empezaba a sentir hambre, temblaba y dormir me costaba, mucho mucho trabajo. Además, el sol me deslumbraba al punto de no dejarme ver nada, cosa superemocionante al manejar, todo el día sentía piedras en los ojos y se me caía más cabello que cuando alguien usa acondicionador Pantene diario. Y ese fue el verano más caluroso de mi vida, aunque no era verano, ya más bien era otoño, casi invierno pero igual hacía mucho calor. Luego también me pasaba que me quedaba dormida incluso estando de pie, ¡o caminando!, y entre tanta cosa, me caía a cada rato. Las caídas más cardiacas me pasaron cruzando calles, pues no solo era el tropezón, también era lo mucho que me costaba levantarme y acá entre nos, mucho caballero, simplemente me saltaba y seguía su camino. Una vez un señor sí corrió a levantarme pues me caí cruzando la calle del IFAL y entre los libros y que cada día era peor que el anterior, no podía ya levantarme y solo veía a un coche acercarse a gran velocidad. El señor me levantó y me dijo tonta y torpe, yo solo quería llorar del susto y la impotencia. ¿Y qué, iba a ir al doctor a decirle, vengo porque cuando me caigo no me puedo levantar? Simplemente me iban a diagnosticar de torpeza extrema y mi autoestima estaba bastante masacrada como para someterla a un juicio más. Había muchos días que hubiera preferido hibernar bajo las cobijas, sin asomar la nariz al mundo ni tener que enfrentar la incómoda situación que todos los días me esperaba, ver a el floreciente romance que había surgido a costa mía, pues por cierto, la susodicha suplente era mi mejor amiga, ¡telenovelaza! 

En el próximo capítulo: Frases de telenovela.

Me enamoré – La vida sin tiroides

Pues tan pronto regresé de España, encontré la clase de step más divertida y efectiva de la vida. También retomé la dieta del Dr. Bolio que había dejado… mmm… por decir en pausa y pronto regresé a mi peso. Entre toda esa diversión conocí a alguien, desde la primera vez que lo vi, pensé: yo podría andar con alguien así y meses después, sucedió. Fue divertido, mágico, increíble. Y creo que el amor fue la mejor energía agni, pues sin seguir estrictamente una dieta, cada semana perdía peso. A los seis meses otra vez se me caían todos los pantalones y era yo feliz, feliz. Pero nada dura para siempre, entre mi inseguridad y una tercera en discordia se llevaron el amor y volví a la soltería, muy triste, con el corazón hecho pedazos por primera vez pero tan esbelta que podía encontrar el consuelo en el helado de cookies and cream y aún así seguía bajando de peso. Triste y padre a la vez. Pero algo raro empezaba a suceder, algo que sucedió tan poco a poco que me hacía pensar que jamás me recuperaría de aquel roto corazón.